COMO UN CANDIL APAGADO (Ficha, crónica y video resumen de la III Corrida de Candiles celebrada en Marbella)
Y no porque no hubiera luz o candiles apagados. Aunque ya de por si alumbran poco y sino que se lo pregunten a los antiguos, la luz potente estuvo presente a lo largo de la corrida, tenue a la hora de comenzar el paseillo y aún mas tenue casi rozando la oscuridad cuando Pepe Ordóñez salió al ruedo para recoger el premio del homenajeado, su hermano Antonio Ordóñez, de manos de su sobrino-nieto Rivera Ordóñez “Paquirri”.
Siempre se ha dicho eso de “alumbra menos que un candil apagado”, pues mas o menos fue lo que pensaron los dos tercios de entrada sobre el ganado lidiado en este tercera edición de corridas de candiles. Floja y mansa corrida de Hnos. Sampedro que mandó a la ruina a este evento de gran belleza en el cual se cuida hasta el mínimo detalle como el uso de divisas y banderillas, ambas diseñadas para la ocasión.
Juan Serrano “Finito de Córdoba” no tuvo su noche. Corrida a la que le faltó la luz de los toros.
En primer lugar mandó picar al toro hasta el punto de que el ya renqueante animal quedara practicamente inutilizado para la faena de muleta. Ésta ni existió. El toro se puso algo complicado y el de Sabadell no lo pensó dos veces y tiró por el camino mas corto hasta liquidar a la res de varios pinchazos en los costillares.
El cuarto fue un inválido de libro que, mientras el presidente hacía caso omiso a las protestas del público, Finito planteaba de alguna forma a lo largo del tercio de banderillas una faena por la que finalmente no se preocupó y que además nunca existió. Pitos.
“Paquirri” anduvo voluntarioso con un lote que se prestó algo mas que el resto. Su primero, un animal que andaba justo de remos duró poquito en la muleta llegando muy parado. Gracias a ello Rivera, rodillas en tierra, sacó el muestrario de pases clavándose de rodillas y así poder calentar los tendidos. Falló a espadas hasta dejar encima de la res una estocada contraria.
Dos orejas le cortó al cariavacado quinto. Todo a base de empeño y tesón, como el tercio de banderillas, de un mansito animal que apenas fue castigado en varas y que pasaba por allí como si nada. Embestidas sosas que comenzaron a trasmitir a los tendidos cuando Francisco decidió volver pie a tierra y animar un poquillo el cotarro.
En tercer lugar y como espada mas joven, Miguel Ángel Perera, dio la cara ante un imposble lote. El tercero por, aparentemente, presentar problemas en la vista no terminó de ser una alimaña. Cogió la mano derecha y sobre esa basó una faena de poca trasmisión y algo desangelada dado el escaso juego y las ganas por embestir del toro.
El último de la noche, un flojo que manseando en el caballo y puso las cosas difíciles a los subalternos en el tercio de banderillas, fue idéntico en la muleta a sus hermanos. Muy sosito, se dejó pegar algún muletazo suelto por ambos pitones llegando a acabar con la paciencia de un Perera que insistía una y otra vez con la mano a media altura. Cerro este festejo de Candiles con una estocada desprendida.

