Si nos llegamos a quedar en la terracita, allí fresquitos poruqe vaya flama que hacía dentro del coso, del mítico bar flor con un cafelito descafeinado con hielo por delante, doy fe de que alguno que otro se lo toma, hubiera sido lo mismo que haber entrado esta tarde en “La Malagueta. Descafeinado por el juego de los toros y helado como un cubito de hielo por la ausente lucha en el ruedo de la que muchos hablaban en los prolegómenos de la corrida.

La octava de abono pasará desgraciadamente a la historia por haber sido una infumable y vergonzosa corrida de toros, que casi manda al banderillero Isaac Mesa a la enfermería tras una terrible cogida al salir pareando al quinto de lidia ordinaria. Mesa se escapó de ser corneado en reiteradas ocasiones quedando en el estribo a merced del toro.

Las reses de El Capea no dieron opción a la disposición de Castella y Perera. Mano a mano que se preveía reñido por la usencia de Cayetano en el cartel, pero la “pelea” se esfumó después de una serie de quites entre ambos toreros en el segundo de a pie. Los toros, uno de Carmen Lorenzo, tres de San Mateo y dos de San Pelayo llegaron a la plaza con problemas en los reconocimientos. ¡¡ Qué gran novedad!! Se rechazaron unos volvieron atraer otros y del último viaje rellenaron una impresentable corrida. Todos estuvieron muy justos de todo, sin remate, mansos, descastados, llegando a rajarse.El quinto se tapaba un poquito mas con el par pitones que llevaba sobre su cabeza.

Rui Fernandes, el rubio portugués que torea a caballo, lo engancharon de telonero para tal esperpéntico espectáculo. Se las vio con un noble toro de la Viuda de Flores Tassara que se dejó en los primeros compases de la lidia hasta que se fue parando. Su labor fue aplaudida.

Castella tuvo delante un lote imposible ante los que solo se pudo justificar a base tesón y aguantar las sosas embestidas de algunos de sus toros. Saludó una ovación tras vérselas con un cuarto animal corto de recorrido y con el que se pegó un arrimón en los últimos compases de faena. Con el resto poco pudo hacer.

Perera insistió una y otra vez ante tres toros que no se ofrecieron al lucimiento. Algo igual que su compañero derrochó ganas y valentía.