Si no llega a ser por la valentía y ganas del torero de Manilva Salvador Vega, volveriamos a hablar de otra soporífera y escandalosa tarde de toros por el pobre juego ofrecido por reses de Santiago Domecq. Ésta corrida que el ganadero calificó como cabeza de camada, fue desigualmente presentada con tres mas grandes por detrás, mansa y descastada de juego.

Enrique Ponce no pudo rematar el triunfo en su segunda tarde. En primer lugar estuvo delante de toro de bonitas hechuras que no dio opción al torero de Chiva. El animal muy justo de raza y fuerza, acabó parado como un marmolillo hasta el punto de echarse sobre el albero. En el cuarto, del mismo juego que sus hermanos, cabeceaba en cada uno de los pocos muletazos que el diestro pudo arrancar. Se lo cepilló de un rotundo bajonazo.

Vega, que venía de triunfar con fuerza en Antequera, se mostró muy dispuesto en su único compromiso en esta feria de Málaga. Mató a su primero de un espadazo que, por desgracia, quedó colocado de forma contraria pero eso no fue óbice para que se quedara sin ella. Durante la faena de muleta, hizo las cosas muy bien dándole tiempos al parado animal y cruzándose en su recorrido. Dio dos buenas tandas, cortas pero de bello trazo dada la cortitud del animal. Con el quinto del festejo, una res con embestidas bruscas, derrochó valentía y ganas viéndose cogido en varias ocasiones. Ganó pelea a un toro imposible al que le intentó de sacar algún que otro muletazo en los comienzos de faena. El público le pidió la oreja con el mismo número de pañuelos que en su anterior que el presidente no concedió.

Talavante vino como se fue, la criatura se estrelló con un lote imposible. El presidente mantuvo al inválido tercero en el ruedo, motivo por el cual recibió una sonora bronca. Alejandro Talavante no pudo hacer absolutamente nada entre las protestas del público. Con un certero descabello acabó con tan lamentable espectáculo. El que cerró plaza fue un pájaro de cuidado que andaba al loro de todo lo que sucedía en el ruedo. Talavante estuvo por allí.